Puntallana

Pregón de las Fiestas Patronales de San Juan Bautista, Puntallana

Ofrecido por el sacerdote Asterio Cabrera.

 

¡Como han pasado los años!

 

Tal vez, siendo aún un muchacho, huyó al desierto lleno de Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la oración.

Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento, aquello lo que la providencia pusiera a su alcance: Frutas silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios.

Y así de lo que parece, de la forma más sencilla comenzó todo.

“Soy voz que camina en el desierto”

“Rectificar los caminos del Señor”

 

La vida le guardaba para Juan un encargo muy difícil, luchar, pregonar, defender y después entender que lo que hacía no le pertenecía, que lo hacía para allanar el camino al Hijo de Dios.

Pero a pesar de ello, Juan dijo Si a la vida, Si a la fe, Si a la esperanza, y sobre todo el Si del que cree sin ver.

El Si de Juan, huele a semillas.

El Si de Juan, en estas tierras de fe, huele a trigo, huele amapolas.

El Si de Juan, tiene un color dorado rojizo bañado de amor.

Un dorado rojizo, que cubre a este pueblo de inmensidad absoluta, y bendice cada rincón.

El Si de Juan, tiene sabor a dulces, almendras, gofio, caramelos, miel y frutas de las huertas cosechadas en este Puntallana, que nacen en el huerto y buscan el sol.

Juan dijo Si, y en este su pueblo, amparo del que lo invoque, el Bautista te llama, y en su trono te espera por gracia de Dios.

 

Sr. Alcalde,  Miembros de la Corporación Municipal, demás Autoridades, familiares, amigos, amigas, asistentes a este acto: Muy buenas Noches.

Un saludo muy especial, para todos los puntallaneros que se encuentran esta noche en este lugar acogedor, lo mismo para los que nos puedan escuchar, desde Cuba, Venezuela, Argentina…

 

La Casa de Luján, es para mí referencia de recuerdos y vivencias de la niñez. Este entorno, tiene un rincón  especial en mi recuerdo donde se guardan los momentos inolvidables de la vida, y eso lo he llevado siempre conmigo, puesto que los momentos de la infancia los he convertido en parte de mi mismo.

En esta casa, fue mi primera escuela y en este patio mis primeros juegos de recreo y mis primeras pilladas de niño. También, donde comencé a forjar ese largo periplo a través de la adolescencia.

 

Lleno de emoción y cariño con el que les    hablo, quiero expresar mi agradecimiento al Sr. Alcalde D. José Adrián Hernández Montoya, al Concejal de Cultura Don Héctor Cabrera Hernández, y demás miembros de la Corporación Municipal, por haber pensado en mí, un puntallanero más, para otorgarme el honor en esta noche ser el pregonero de las Fiestas Patronales de San Juan Bautista del presente año  2018, con todas las personas que unidos, hacemos  realidad nuestras fiestas, compartidas desde nuestros barrios: Tenagua, Santa Lucia, El Pueblo, El Granel y La Galga.

 

Es este año en el qué quiero compartir con mi pueblo, en el marco de nuestras celebraciones mis bodas de oro, cincuenta años de mi ordenación sacerdotal, con mis luces y sombras, he caminado viviendo y compartiendo: LA BUENA NOTICIA DE JESÚS.

 

El veinte y nueve de junio de mil novecientos sesenta y ocho, en La Catedral de la Laguna, festividad de San Pedro y Pablo, recibí el Sacramento del orden sacerdotal. El día primero de julio en nuestra Parroquia de San Juan, en Puntallana celebración de la primera misa, con mis padres, mis hermanas Onelia, Sara y Denia, familiares, compañeros sacerdotes, amigos, amigas y todo el pueblo que me acogía arropándome con mucho amor y alegría.

Es en este lugar, rodeado de familiares y amigos presentes y en el recuerdo de tantos… que esta noche también están con nosotros, compartiendo el inicio de nuestras fiestas.

Aquí está Asterio el cura, el hijo de Pedro Cabrera y Modesta, orgulloso de su pueblo natal y lugar de nacimiento el Taboco, donde vi la luz por primera vez hace setenta y siete años, el tres de marzo de mil novecientos cuarenta y uno, en el seno de una familia que amaba a San Juan. Rodeado de  vecinos y montañas: El Zamagallo, La Loral, La Centinela, La Montaña Lance, La Oropesa y la hermosa Parroquia de San Juan Bautista muy cerca de su fuente, la que nos visita la imagen víspera y día todos los años por sus fiestas.

Quiero a mi pueblo cada día más, casi mis primeros juegos  fueron en la Plaza de San Juan, en la Plaza del Cura y por estos alrededores. Juegos compartidos con mis amigos de la infancia. Compartimos juegos, compartimos fiestas y también compartimos sentimientos, emociones, cuentos y tradiciones orales que se transmiten de generación en generación.

Pregonar es gritar fuerte, hablar claro para que todos se enteren, es insistir una y otra vez, a la invitación a que valoremos, lo que somos y tenemos. Es gritar, para despertar a los dormidos en el letargo del olvido de las propias raíces, de la tentación, de decir que siempre se ha hecho así, de arrimarse a un lado y no meterse en la brecha donde con el esfuerzo de los valientes se construye el futuro aquí y ahora en nuestro presente.

Pregonar hoy, es también invitar a la fiesta, a la alegría, a valorar la presencia de los otros, sin los cuales la fiesta honda, la del corazón, no es posible. Invitar a la fiesta, en la que, en un clima relajado, somos invitados a tener un sentido positivo de la vida, en la que ciertamente hay momentos difíciles, pero es una aventura maravillosa llena de posibilidades.

Me gusta lo que dice el canta autor Facundo Cabral: “nacer es un dolor, que la vida compensa”.

 

Recordar las fiestas de San Juan en mi niñez y juventud, es ver la plaza antigua enramada toda alrededor con fayas, arcos en la entrada principal de  helechos y brezos tiernos, banderas de papel en todos los colores, las “cesteras” con aquellas cestas llenas de dulces, cucuruchos de manises y pirulines que se pegaban al cielo de la boca, los ventorrillos con carne y vasos de vino, que en todos los programas de la época siempre anunciaban “Carne turre y vino del país”.

En este pueblo, sólo se vendía carne los días de San Juan en la lonja de Pedro Calderón. Recuerdo siempre ver en mí casa, familia y amigos que vivían más lejos, venían a la función, bajaban la cuesta acompañando a San Juan hasta la fuente y luego se quedaban a almorzar.

La música que sólo dejaba de sonar al mediodía cuando comenzaba la función, vestíamos las mejores galas que se podían tener, era el día del estreno y de los recuerdos, las fotos misteriosas que nos ponían nerviosos, al ver la cámara sobre un trípode, y el fotógrafo metía la mano por una manga negra y miraba para hacer las fotos.

Los bailes en la plaza y el paseo por la tarde, con las orquestas Bolero, La Gómez... era un lujo escucharlos y bailar al aire libre. ¡Cuánto bailé en esas verbenas!

Qué bonitos me parecían los fuegos labrados, que encendían en la Plaza del Cura al terminar la procesión de víspera. Qué al bajar por la cuesta, contemplábamos las hogueras, en las montañas y en los huertos de las casas. Los que acompañaban a San Juan hasta la fuente, llevaban faroles en las manos, y en las ventanas lucían farolillos de colores con sus velas encendidas. Los músicos que venían para amenizar el paseo y la verbena en la plaza, acompañaban la procesión con el redoble del tambor y la música de las canciones religiosas y marchas de la época.

Cómo ya tengo muchos años, también tengo muchos recuerdos, los trabajos duros que se hacían entonces, el agua que se traía para la casa en cubos, barriles y garrafones. Algunos teníamos la suerte de vivir cerca de la fuente del pueblo o del chorro de la plaza, otros les quedaba más lejos y en verano y tiempo de sequía (que fueron muchos), venían con los garrafones para llenarlos en el pueblo y llevarlos en la guagua. También la llevaban en mulos y burros, colocando los barriles con mucho arte en las albardas.

Quiero contarles algo, que desde chico me decían relacionado con el agua y mi nacimiento. La partera del pueblo “Candelaria”, familias y vecinos, estaban esperando el momento deseado del parto. Papá, me imagino que estaría nervioso, echa el barril al hombro para ir por agua a la fuente y aún en el natero oye un grito: ¡Compadre, compadre, un macho! Tira el barril y exclama carrrrrr por fin un macho, compadre… compadre.

La fuente de San Juan no sólo era la fuente donde se iba a recoger agua y a dar de beber al ganado, era un lugar de encuentro y charlas con los vecinos, era lugar de fiestas. La fiesta más especial era la de la Cruz, con el pique positivo para valorar con la Cruz del Molino, la mejor enramada.

El verano especialmente, se convertía en un trasiego de animales hacia la fuente y mientras los mayores esperaban su turno para llenar los recipientes, los niños jugábamos al boliche y al trompo, que a pesar de las dificultades éramos muy felices.

Y ya que estamos con el tema del agua, quiero nombrar a la Fuentiña, aquí en el pueblo y los Lavaderos de Santa Lucía en el Barranco de Agua. Han sido lugar de recuerdos, compartiendo la vida, las penas, las noticias de los que se marchaban a Cuba, Venezuela y otros lugares. Siempre esperando las buenas noticias que a veces no llegaban. ¡No las dejen abandonar! Lugares convertidos en noticieros de transmisión oral, no enterremos nuestra historia, un pueblo sin historia es como una trapera sin hilo conductor, que sin él no se puede realizar la obra. Así se consigue también la historia de nuestro municipio, valorando, rescatando y cuidando entre todos los recuerdos y valores que tenemos. Hagamos historia, la historia es cultura, ya se está notando.

Aún recuerdo cuando llegó el agua de la galería el Cubo a las casas, parecía mentira, poco a poco se fueron cambiando muchas costumbres. Llegó el agua y nos cambió la vida. Si miramos hacia atrás, vemos los mismos lugares con los mismos nombres, El Llano de Fleitas, La Montaña de Tenagua, El Taboco, El Llano Amador, Bajamar etc., pero los vemos distintos.

Es cierto que desaparecieron las llanadas de trigo y sólo nos queda el recuerdo en las fotos y el nombre de Puntallana “Granero de la Isla de la Palma” y apareció el plátano. En fin, llegó el agua y se acabó la miseria o lo mismo, llegó el agua y comenzó la abundancia. Y ahora todos juntos, el pueblo entero, tenemos que unir nuestros esfuerzos, luchar, trabajar y conseguir que esta última etapa de esperanza sea una realidad. No nos dejemos atrapar por las zarzas del consumo, y los medios de comunicación mal utilizados, que nos están llevando a la pérdida de nuestra identidad de los valores fundamentales, de honradez, pérdida de la justicia, de la verdad, solidaridad y respeto mutuo.

 

Para comunicarnos entre una casa y otra, entre un lugar y otro, era por caminos y veredas. Por desgracia todas las veredas han desaparecido, pero los caminos han mejorado, se han hecho pistas, carreteras, calles, ya se puede llegar a cualquier lugar con cualquier vehículo.

Posiblemente había algún coche más, pero el primero que yo recuerdo por estos alrededores fue el de Emilio. Coche que sus amigos, los amigos de Emilio pronto utilizaron para ir a las fiestas, que antes por la distancia casi les era imposible, como la de San Antonio del Monte. Se rumoreaba que en alguna ocasión llevaba el doble de pasajeros que de plazas tenía el coche.

Y hablando de Emilio, persona emprendedora, afable y hombre de comercio. Su venta, “La venta de Emilio” venta como la de la mayoría de los pueblos, (entre ellas la de Angelito y Pura) donde se vendía desde el aceite al arroz, desde los garbanzos al azúcar, desde un trozo de tela a una bobina de hilo y en su cantina vasos de vino, copas de anís y las bebidas de la época.

Creo recordar a los empleados que por ella pasaron: Leo, Eliseo, Jesús, Arquímides, Julio, Alfio, Eliserio y Enensio. Todos con el lápiz en la oreja para sumar la compra y anotarla en la libreta de los fiados.

Recuerdo oírle desde la Plaza, por la noche al cerrar la venta, este canto que repetía una y otra vez, acompañado de su acordeón.

 

Lo que nunca pensé yo

Que una criatura humana

Vecina de Puntallana

“JIZO” raya en la ciudad

 

Fue por casualidad

O por malas precauciones

El todo fue que vendió

El palo en dos ocasiones.

 

Las libretas de los fiados, eran muy comunes en su venta y de ahí su refrán:

A expensas de cochinas parideras no hagan deudas en la venta.”

 

Como introducción, antes de dirigirme a la mujer voy a saludarles con estas letras de un cantar:

San Juan Bendito tu eres

Acogedor sin igual

Quien te conoce me quiere

Quien viene a ti no se va.

 

Son tus mujeres hermosas

Con algo tan peculiar

Con gracia, alegría y simpatía

Dones que la tierra da.

 

En un pasado no muy lejano, ser mujer era un auténtico reto, gracias al esfuerzo de muchas generaciones han ganado derechos, con sus luchas por la igualdad. Su preparación  humana, profesional, cultural y universitaria ha sido fundamental. Los que escriben la historia han sido siempre los mismos y excluyen de ello a las mujeres anónimas, emprendedoras, que con su trabajo han cambiado en los distintos ámbitos la imagen de la sociedad. Mujeres valientes que consiguieron, lo que ahora nos parece normal antes era una utopía. No bajen nunca la guardia.

 

Quiero resaltar el valor de la hospitalidad, que en este pueblo había en mi niñez y antes.

Desde mi imaginario en un tiempo muy lejano, veo a personas muy cansadas, que llegaban caminando, ofreciendo algún trabajo o trueque para subsistir. Época de pobreza, y de miseria. Cuando se les hacía de noche, se les invitaba a dormir en las casas.

La falta de trabajo y la falta de lluvia, fue motivo de emigrar dentro de la misma isla, para poder mantener la familia. Los que encontraban trabajo, iniciaban una nueva vida. Recuerdo algunas familias de Fuencaliente.

También son mucha gente de este pueblo, las que acogen a las que llegan, pronto la hacen suya, la quieren y son muchos los que no se han ido.

Después de tantos años, sigo recordando a tantos maestros y tantas maestras, que han pasado por este pueblo. Ellos y ellas no han pasado sin pena ni gloria, han aportado todo su esfuerzo cada día por dar lo mejor de sí  mismo, contando con los medios de ese momento, que eran escasos. Fueron nuestros maestros, los que  con su exigencia por enseñar, nos motivaron para iniciar la andadura de una formación superior.

Nombro algunos y algunas que tuvieron que ver con mi formación y la de otros muchos: Don/Doña José Galván, Herminia, Segundo Piñero, Carmen Hernández, Antonio González, Ofelia, Guadalupe, Narciso, Paco, Aida, Leonardo, Claudio, Esteban León, Rita Rodríguez, José Luis, Carlos Andrés, Lala y Artemio entre otros.

Desde aquí, veo a algunos que comparten conmigo, un cariño incondicional por mi pueblo, que ellos sienten que es el suyo. Se quedan por diferentes motivos, por amor, por trabajo… ¡Qué más da, si ya son todos hijos de San Juan!

Seamos agradecidos valorando sus trabajos, que entre todos y para todos se ha realizado. Desde la escuela, ayuntamiento, medio ambiente, deporte, banda de música, trabajo por la igualdad  y lucha por los derechos humanos.

 

La vida social era toda alrededor de la iglesia, y por esos años la bicicleta también era otro medio de transporte, en este municipio, utilizada mayormente por chicos. A la salida de misa era el momento de encontrarse con los amigos/gas, surgiendo de ahí alguna que otra parejita.

Otros lugares de encuentro eran las sociedades. Por cercanía, donde yo más participaba era en la Unión del pueblo, allí aprendí a bailar, primero con el Gramófono y el tocadiscos, y luego llegaron los asaltos prolongados, que ya eran con guitarra, violín, laúd y el acordeón. El grupo que recuerdo, comenzaba siempre en todos los asaltos con: “SOMOS LOS PICHONES DEL GRANEL”.

También en esta sociedad, aparte de asaltos y bailes era el centro de reunión donde todas las tardes al oscurecer llegaban, Alejo el de los Rodeos, Servando el de la Camacha, Alejandro el taxista, Pedro (conocido por Pedro Mosquito), Rogelio el de María Cruz, y muchos más. (Si doy estas explicaciones aparte del nombre es sólo para que los conozcan), a echar su partida de cartas, jugar el parchís, al ajedrez, las damas, el dominó y otros a leer el periódico. Todos eran fieles a su cita. 

Me imagino qué en las sociedades de este pueblo, en la misma época, en todas se haría lo mismo, pero si sólo hablo de aquí, es porque es donde más conviví.

No me quiero olvidar de las piedras de los gandules, si alguno de los jóvenes no sabe dónde era, que le pregunte al que tiene al lado, que seguro le va a decir. Era un lugar a la abrigada, al lado de la puerta del despacho parroquial, lugar donde nos sentábamos a hablar con el amigo, a ver subir las guaguas, donde nos reuníamos unos cuantos en la tarde, donde pasábamos el rato.

Muchos ratos compartí en esas piedras, con Eliserio el municipal, Francisquín y otros amigos.

 

Cómo anécdota quiero recordar a Claudio, maestro de Santa Lucía y alcalde de Puntallana en la época que me ordené, 1968.

Por entonces no debía de tener coche y con frecuencia lo veía llegar al pueblo subido al carricoche de Don Francisco, conocido por TANGANILLO.

Era casi cómo su coche oficial para moverse en el trayecto Santa Lucía-Pueblo.

Me hacía mucha gracia.

UN ABRAZO CLAUDIO.

 

Y ahora un gran recuerdo a Ludolfo.

Mi vecino, mi amigo y antiguo Secretario de este Ayuntamiento de Puntallana. Una gran persona y un gran personaje de este pueblo. Hombre que no sabía decir NO. Si alguien lo necesitaba, ahí estaba muy cercano y servicial. Si tenías que rellenar un documento, acudías a Ludolfo, si había que hacer una partición, la hacía Ludolfo, cualquier pregunta a Ludolfo y si celebrabas una fiesta invitabas a Ludolfo.

Siempre disfrutando con sus amigos.

En estos días buscando en el baúl de los recuerdos, me encontré una hoja de libreta con un escrito que decía:

Décima de Dámaso Hernández González.

Dámaso era el padre de Ludolfo y decía así:

 

Si lo que me has profesado

Es para toda la vida

Te encargo prenda querida

Tengas mi nombre grabado

Y aunque te hayas separado

Lejos de mi compañía

Te suplico vida mía

Me conserves en tu idea

Y cuando ausente me veas

No me olvides en un día.

 

No me olvides en un día

De corazón te lo pido

Porque tu sólo has podido

Calmar la tristeza mía

Gozarás mi compañía

Si de corazón me adoras

Y cómo mi amor te implora

Me conserves en tu idea

Y cuando ausente me veas

No me olvides una hora.

 

Dedicado a su mujer María.

Ahora es PARA TI LUDOLFO.

 

Las fiestas de San Juan han estado relacionadas con el inicio del verano. La siega, la recogida de las gavillas de trigo, para formar los frescales en forma de pirámides, en las principales eras del municipio, hasta los meses de julio y agosto para iniciar la trilla, compartiendo las yuntas.

Las trillas eran una fiesta de niños, jóvenes y mayores. Dormir en las eras, hacernos pilladas, bromas… ¡Qué bonito recuerdo!

 

Se respira ya el aire de la llegada del verano en el calendario, pues estamos a punto de celebrar en el hemisferio Norte, el solsticio de verano para alcanzar el día con más luz del año. La noche de San Juan, a partir de la noche de hogueras y tradiciones, los días comienzan a menguar y las noches crecerán lentamente y así será hasta el solsticio de invierno. Hasta que celebremos el nacimiento de Jesús, el Sol Naciente.

La Iglesia antigua colocó la celebración del nacimiento de Jesús en el solsticio de invierno y la del nacimiento de Juan en el solsticio de verano. Y como entonces ya habían fiestas populares con un contenido de fiesta humana y también religiosa natural, vinculadas a los ritos de la naturaleza, estas fiestas populares fueron asumidas de algún modo, e incorporadas a la fiesta cristina.

Por eso, para  nosotros cristianos de este final de siglo XX, todo ello va unido. El recuerdo y la celebración de San Juan Bautista, la fiesta popular del inicio del verano, las hogueras, encuentros familiares, la felicitación  para todos aquellos que celebran  su santo… Como decían nuestros antepasados: “Todo es bueno para el que está en gracia de Dios”. Que es como decir: todo es bueno  para quien lo vive como don del Dios que creó el mundo, su belleza y esplendor. Del Dios que se nos reveló en la persona de su hijo Jesús, de quien fue anuncio de aquel judío a quien sus padres quisieron llamar JUAN, nombre hebreo que significa: “Dios tiene misericordia”.

 “Dios está de mi parte” Juan es el sol de lo alto en tiempos de oscuridad. Juan es un testigo, aunque el penúltimo de los profetas que apareció sobre nuestro mundo.

 Uno de los himnos litúrgicos de su fiesta lo expresa así:             

La ley vieja en él fenece

La de gracia en él apunta

Donde claro aparece

Que en este niño amanece

Libertad y gracia junta.

 

Pregonar a San Juan, es anunciar que Jesús, es la Luz del mundo. Pregonar la calidad humana, las bondades y posibilidades de este pueblo, ante los que están llamados a poner por obra todo lo necesario, para que las necesidades y esperanzas de los vecinos linden con la alegría, linden con las esperanzas cumplidas, linden con un futuro en el que los niños estén sanos de cuerpo y espíritu, los ancianos contentos de haber sido el surco de la vida, para que ahora recojamos el fruto de tanto esfuerzo.

Todos valemos para algo. Nadie está de más. Aportan tanto ánimo, tanta experiencia y tanto amor los ancianos, que ya no son económicamente rentables. Estamos aquí por ellos y si hemos sabido aprender, somos lo que somos gracias a ellos. Tenemos que conseguir un desespero responsable por hacer felices a los ancianos, que son el “ayer” que nos parió. Y cuidar a los niños que hemos engendrado para que nuestra vida tenga futuro.

Sientan, descubran, valoren y agradezcan ustedes, los que están ahora llenos de imaginación  y vigor, que el futuro de este pueblo está en vuestras manos. Sí, en vuestras manos. Un presente que viene de muy al fondo, y un futuro que se prolongará  mucho, mucho más allá de  ustedes.

San Juan es testigo del esfuerzo constante y tenaz de los habitantes de nuestro pueblo, por hacer de estos lomos y barrancos el mejor lugar para vivir. Él ha visto colocar tanta piedra sobre piedra, tanto bloque sobre bloque. Él ha visto abrir tantos surcos y poner en ellos las semillas y las plantas de las que esperamos la mejor cosecha. Él ha visto sembrar con mucho esfuerzo y sudor cada cosecha, y recogerla con alegría.

San Juan es el que ha escuchado las quejas de todos y penas de todos, y también ha festejado con todos, sus alegrías y momentos felices. Él conoce a cada persona, a cada familia. Él ha sido testigo de cada nacimiento, de cada boda, de cada entierro y de cada fiesta. ¿Quién ha llegado o se ha ido que Él no lo supiera? Conoce a cada uno de nuestros antepasados, que se han perdido en la sombra de nuestra memoria. ¿Qué puntallanero no pasó por su templo y se puso delante de su imagen con razones para agradecer o necesidades por las que pedir?  

 

Vuelvo a mi niñez, esos años que pasé en los Molinos, están muy llenos de recuerdos. El molino de Jaime (ya desaparecido) que cuando comenzaba a moler era una fiesta para nosotros, como tantas otras cosas. Hay cosas de la historia de nuestro pueblo que han desaparecido, como el molino. Pero los amigos no. El amigo Julio, está en Colombia, desde Puntallana un fuerte abrazo. Para los demás que no están, pero SI, en el recuerdo de la amistad: Melo, Vicente, Lalo, Fino, José Antonio, Jesús… Un fuerte abrazo de amor fraterno. Y para Fidela que hoy me habría gustado haberla tenido aquí, el mayor cariño.

Aún sigo visualizando en los recuerdos de mi memoria una pequeña foto, en la que estamos: Alejandra, que sigue con nosotros, Naldo, Cira y Asterio con un perrito en los brazos de nombre Buenos Dias.

 

Siguen los recuerdos de mi infancia, el mar y mis primeros chapuzones. Madres con sombreros en la cabeza y manga baja para taparse el sol. Riñen: ¡No te metas sólo, que te vas ahogar hijo!

Esperaba sentado, pero ya no estoy solo, ya llegan chicos y chicas.

Estamos en la Pileta. Si baja la marea nos acercamos al Ancón. No pasen de ahí, es muy peligroso.

Allí estaban las cuevas de Andrés Medina, pero nunca las pude cruzar (Si pasé ya por ellas de mayor).

También conocí al Malagueño, un pescador solitario, conocedor de todos los pesqueros y gran pescador de viejas.

El atardecer nos avisaba que el tiempo terminaba. Llega la merienda y de nuevo otra caminata. Pero entre risas y bromas aprendimos a nadar.

Al lado las Salinas, que con frecuencia aparte de sal cogíamos burgados y lapas. Al día siguiente, ya teníamos con que hacer el almuerzo, que por supuesto sería ¡Arroz amarillo!

Cuando ya nos lo permitió la edad ampliamos la ruta, Puerto de Paja, el Callao Molina, la Corredera, Playa de Perico, el Charco del Erizo y el Charco Blanco, donde se llevaban a curtir chochos.

Los veranos eran todos pasados por agua y sol.

 

Por circunstancias de la vida, estudios, trabajo… me he perdido muchos momentos de las fiestas patronales, tengo espacios en blanco, pero nada ocurre sin algún motivo. El esfuerzo tiene su recompensa y ahora que llegó la jubilación puedo saborear todos los festejos intensamente. Este año va a ser así.

Me vuelvo al pasado, ya han pasado las carreras de caballos, el juego de la yincana, la carrera de sortija, la feria del ganado, la entrega de premios. La orquesta sigue tocando, los ventorrillos llenos de gente y a las ocho la novena.

La iglesia rebosante, tu pueblo está contigo San Juan. El tiempo pasa sin tregua.

Una traca de voladores y un repique de campanas, anuncia que ya San Juan sale hacia la fuente, lo acompaña la orquesta. Ya dio la vuelta y un momento mágico, los fuegos de la noche de San Juan lo esperan en la Plaza del Cura.

La orquesta vuelve a tocar y en la plaza bailan parejas de todas las edades, nos encontramos con amigos de la infancia, tertulias interminables y al compás de la música, bailando hasta bien entrada la madrugada.

Llega el día más esperado del año, el veinte y cuatro de junio, día de nuestro Patrón. A las doce se celebra la función religiosa, en su honor se festeja el milagro de su nacimiento. Y otro año más estamos con Él.

Repican las campanas, tiran voladores, suenan aplausos. Un momento grandioso. Lo bajan del altar para que esté más cerca del pueblo. Aprovecho este momento y lo contemplo. Veo a un santo justo y sabio y a la vez humilde y sencillo. Siempre dispuesto a defender a pobres, débiles y desprotegidos. Voz que predica y defiende la verdad, sin miedo al poder establecido. ¡Estoy muy orgulloso de tener al Bautista como Patrón!

Ya son cerca de las dos de la tarde, los voladores y las campanas continúan avisando que el Santo está saliendo del templo. Te vuelven a bajar a la fuente, te acompaña de nuevo la orquesta, muchos siguen contigo, otros te esperan a mitad de la cuesta, todos damos la vuelta y te acompañamos hasta tu casa.

Ya llegaste y esos brazos cansados, a la entrada de la iglesia lo vuelven, para que su gente lo vean y se despidan con estas palabras.

“SAN JUAN BENDITO, DANOS SALUD Y SUERTE PARA EL AÑO QUE VIENE VOLVERTE A VER”

 

 ¡VIVA SAN JUAN!

 

¡VIVA PUNTALLANA!

 

      ¡FELICES FIESTAS!

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