RedacciónMiércoles, 18 de marzo de 2026
La Palma Renovable: "La Palma ante el espejo: El imperativo ético y económico de descarbonizar nuestro transporte"
A menudo se escucha que el coche eléctrico es un capricho para otros lugares, para llanuras infinitas o grandes metrópolis. Nada más lejos de la realidad. Nuestra geografía insular, con sus vertiginosos desniveles, es precisamente el escenario donde el motor eléctrico humilla en eficiencia al de combustión. Mientras un coche de gasolina desperdicia energía y castiga sus frenos bajando desde El Paso o el Roque de los Muchachos, el vehículo eléctrico se convierte en un generador, transformando la gravedad en kilómetros gratuitos de autonomía. Es una suerte de “magia” técnica que permite recuperar hasta un cuarenta por ciento de la energía en los descensos, algo que ningún motor tradicional podrá igualar jamás.
Pero la transición no solo se alimenta de principios técnicos, sino de números que afectan al bolsillo del ciudadano. En un contexto de incertidumbre en los precios del combustible, la movilidad eléctrica ofrece una independencia de la volatilidad del precio de los combustibles fósiles y de los contextos geopolíticos, especialmente para esas personas que tienen energía renovable en casa o son parte de una comunidad energética. Si a esto sumamos un marco fiscal sin precedentes —IGIC al cero por ciento, deducciones en el IRPF y bonificaciones municipales—, el argumento del "alto coste" se desmorona por su propio peso. Hoy, con las ayudas del Plan Auto+ (si es que sale adelante), electrificar el transporte está al alcance de cualquier persona que está valorando comprar un coche nuevo, ya que ya existen modelos eléctricos para todos los bolsillos, y sabiendo que un coche nuevo de combustión es probablemente la peor inversión que una familia puede hacer actualmente teniendo en cuenta la situación energética, la opción 100% eléctrica es la opción más racional.
El parque de vehículos en La Palma está experimentando una progresiva transición hacia la movilidad eléctrica, pero muy lenta en relación con la urgencia de descarbonizar la movilidad de la isla. Según los datos más recientes (2024), de los más de 82.000 vehículos (entre automóviles y ciclomotores) censados en la isla, 453 son eléctricos, lo que representa un 0,55% del total. Aunque la cifra es modesta, la tendencia es claramente ascendente en la última década. En 2014, apenas había 21 vehículos de este tipo en toda la isla, una cantidad que ha ido creciendo año tras año hasta multiplicarse por más de veinte en 2024.
La implantación del vehículo eléctrico en La Palma presenta marcadas diferencias entre municipios. Los datos de 2024 revelan que, en términos absolutos, Los Llanos de Aridane, con 117 vehículos eléctricos (automóviles y ciclomotores), es el municipio que lidera la adopción, seguido de cerca por El Paso (54), Santa Cruz de La Palma (43) y Breña Alta (43). Sin embargo, si se analiza el porcentaje que representan sobre el total de vehículos de cada municipio, el ranking cambia. Puntagorda destaca como el municipio con mayor proporción de vehículos eléctricos, alcanzando un 1,33% de su parque móvil (28 de 2108 vehículos). Le sigue Tijarafe con un 1,26% (42 de 3345 vehículos). A continuación se sitúa Garafía (0,69%) y Breña Baja (0,68%). En el extremo opuesto, municipios como Barlovento y San Andrés y Sauces presentan las proporciones más bajas de la isla, con apenas un 0,14% y un 0,10% respectivamente, lo que sugiere que la electrificación avanza a un ritmo muy desigual en el territorio insular.
Esta desigualdad también se palpa en el establecimiento de bonificaciones en el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM) con el objetivo de fomentar la movilidad sostenible y la adopción de vehículos eléctricos. Por ejemplo, municipios como Breña Alta, Breña Baja, Los Llanos de Aridane, San Andrés y Sauces, Santa Cruz de La Palma, Tijarafе y Villa de Mazo ofrecen reducciones significativas en la cuota del impuesto, con porcentajes que oscilan entre el 20 % y el 75 %, y en algunos casos sin fecha de caducidad o con una duración determinada desde su primera matriculación. No obstante, otros municipios como Barlovento, Fuencaliente, Garafía, El Paso, Puntagorda, Puntallana y Tazacorte aún no disponen de bonificaciones específicas para este tipo de vehículos, aunque en algún caso se ha manifestado la intención de implementarlas próximamente. Si bien la disparidad de criterios entre localidades evidencia la necesidad de avanzar hacia una armonización normativa, el establecimiento de estas medidas reflejan una tendencia creciente hacia la descarbonización del parque móvil en la isla.
Y si aún queda alguna duda, lo mejor siempre es escuchar a quienes ya han dado el paso. En La Palma, no conocemos a ningún propietario de un vehículo eléctrico que quiera volver a conducir uno de combustión. La suavidad de la conducción, el silencio, el ahorro real y la satisfacción de moverse sin emisiones convencen por sí mismos. Por eso, nos encantaría poder organizar este mismo año un encuentro ciudadano en el que las personas interesadas puedan hablar directamente con las que ya son usuarias de vehículos eléctricos. Que sean ellas quienes cuenten su experiencia, resuelvan dudas y ayuden a disipar los miedos que aún frenan a tantos y tantas. Nada mejor que la voz de la experiencia para demostrar que esta transición no solo es necesaria, sino también gratificante.
Es imperativo que, como sociedad madura, empecemos a desterrar los mitos que frenan este progreso. Debemos dejar de temer a lo desconocido: los datos demuestran que el riesgo de incendio de los vehículos eléctricos es anecdóticamente bajo en comparación con la inflamabilidad de los hidrocarburos. En cuanto a la supuesta falta de infraestructura, ese fantasma se desvanece al comprender que nuestro principal “surtidor” está en el garaje. Cualquier enchufe convencional es una estación de servicio en potencia. En una isla donde las distancias son humanas, la ansiedad por la autonomía no es más que un eco de la desinformación.
Y somos conscientes de que esa desinformación no es casual. Del mismo modo que la industria del tabaco en el siglo pasado —a sabiendas de la evidencia científica que vinculaba el tabaco con el cáncer— sostuvo una campaña de desinformación para seguir enriqueciéndose a costa de la salud pública, la industria de los combustibles fósiles, como también está demostrado, continúa alimentando bulos para mantener a la población dependiente de sus productos. Lo hace a costa del bolsillo de los palmeros y las palmeras, mientras hipoteca el futuro de las próximas generaciones.
En el caso del transporte público y colectivo de La Palma, no es solo una necesidad ambiental, sino una urgencia estratégica para la supervivencia económica y social de la isla. Cada día que se retrasa la transformación de las guaguas diésel en flotas limpias y silenciosas, al tiempo que no se aumentan las frecuencias para estar a la altura de las necesidades reales de la población, se posterga la solución ambiental y económica, se perpetúa la dependencia de combustibles fósiles importados que drenan la economía local y se desaprovecha la oportunidad de alinear la isla con su propia identidad de Reserva Mundial de la Biosfera. En un territorio marcado por la emergencia volcánica y la necesidad de reconstrucción, electrificar el transporte público significa garantizar un aire más limpio para las zonas densamente pobladas, reducir la factura energética y sentar las bases de un modelo de movilidad sostenible que frene la emisión de miles de toneladas de CO₂, demostrando que La Palma puede liderar la transición energética en Canarias con hechos, no solo con declaraciones.
Las cifras de matriculación en nuestros municipios ya muestran un despertar. Los más de 115 vehículos en Los Llanos o los 43 en la capital son solo la avanzadilla de una transformación imparable. Descarbonizar La Palma es, en definitiva, elegir el silencio frente al ruido, la salud frente a las emisiones y la soberanía energética frente a la dependencia exterior. No se trata solo de cambiar de coche, sino de decidir qué aire queremos respirar y qué isla queremos dejar a los que vendrán detrás. El futuro de la Isla Bonita es eléctrico, o simplemente no será el futuro que nuestra tierra merece.

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