RedacciónMartes, 17 de febrero de 2026
Artículo de opinión de Jonathan Felipe: "Un día mientras dormía"
Un día mientras dormía, alguien empezó a criminalizar a los emigrantes. Y otro grupo de personas defendía unas dictaduras dependiendo de la ideología. Como si hubiera “dicta-duras” y “dicta-blandas”. Y la soberanía del pueblo en Tik-Tok.
Se creó una corriente de opinión que penalizaba a los empresarios por el mero hecho de serlos, después de haberse dejado la vida creando una empresa, pagando impuestos y generando empleo. Otros pataleaban, desde un cuartel general, ante la subida salarial que le iba a dar una vida digna a los trabajadores. Mientras muchos perseguían sueños, otros dormíamos.
Me frotaba los ojos mientras asistía a una declaración en favor del terrorismo, y como se escondían los grandes poderes ante la muerte de tantas personas y muchos niños en Gaza. Para justo después, hablar de la construcción de una gran ciudad turística, donde pasar las vacaciones tumbado ante palmerales que crecen ante el dolor de tantos. Y había gente que aplaudía el proyecto.
Cuando procedía a estirarme, había 4 “líderes”, que trataban al Planeta, a sus personas, su seguridad y sus recursos, como si se tratara de una tarta. Eso me hizo refrescar las lecciones de Historia del Instituto, aunque solo fue por cura de ingenuidad.
En este caso vi como mucha gente vociferaba en las redes, les dedicaban emoticonos cariñosos, y los idolatraban, mientras yo creía que nosotros éramos la guinda del pastel. Era una especie de “harakiri” dulce. Me matan, pero son los nuestros.
Bostecé, viendo como envenenaban a opositores con epibatidina sacada de una rana dardo de Ecuador, y me daba cuenta que no estaba en el Cine, en un despertar confusional.
Ese día, me sentí en una Torre de Babel, pero esta 5.0, porque no sólo nadie se entendía, sino que nadie quería entenderse.
Ese día, no sé si tú dormías, o estabas aturdido por el efecto de los populismos polarizados que ofrecen recetas milagrosas, mientras te inoculan el miedo y alteran tus emociones.
Cuando desperté sentí que tenía que escribir esto, porque no quiero que nuestros hijos sean un trozo de pastel, sino que vivan en un rincón del mundo habitable, con garantías, con libertades y pudiendo llevar ellos mismo el timón del futuro, con aprovechamiento sostenible de los recursos, con cohesión social, con respeto, con humanismo, con sentido común, rindiéndole el mejor homenaje a nuestros antepasados, que es seguir labrando el futuro de una tierra y sus generaciones, y sabiendo, aunque solo sea a modo de pena, que estamos condenando a entendernos -los empresarios y los trabajadores, los agricultores y los ganaderos, los estudiantes y los profesores, los de occidente y los de oriente, los del 5• con los del 1•…- y desearía mucho que cuando hagan una incursión por los Polos sea porque estén en el Ártico o en la Antártida, ya que como sostuvo Rosseau “El más fuerte no es lo suficientemente fuerte para ser siempre el amo, si no transforma la fuerza en Derecho y la obediencia en deber”.
Me frotaba los ojos mientras asistía a una declaración en favor del terrorismo, y como se escondían los grandes poderes ante la muerte de tantas personas y muchos niños en Gaza. Para justo después, hablar de la construcción de una gran ciudad turística, donde pasar las vacaciones tumbado ante palmerales que crecen ante el dolor de tantos. Y había gente que aplaudía el proyecto.
Cuando procedía a estirarme, había 4 “líderes”, que trataban al Planeta, a sus personas, su seguridad y sus recursos, como si se tratara de una tarta. Eso me hizo refrescar las lecciones de Historia del Instituto, aunque solo fue por cura de ingenuidad.
En este caso vi como mucha gente vociferaba en las redes, les dedicaban emoticonos cariñosos, y los idolatraban, mientras yo creía que nosotros éramos la guinda del pastel. Era una especie de “harakiri” dulce. Me matan, pero son los nuestros.
Bostecé, viendo como envenenaban a opositores con epibatidina sacada de una rana dardo de Ecuador, y me daba cuenta que no estaba en el Cine, en un despertar confusional.
Ese día, me sentí en una Torre de Babel, pero esta 5.0, porque no sólo nadie se entendía, sino que nadie quería entenderse.
Ese día, no sé si tú dormías, o estabas aturdido por el efecto de los populismos polarizados que ofrecen recetas milagrosas, mientras te inoculan el miedo y alteran tus emociones.
Cuando desperté sentí que tenía que escribir esto, porque no quiero que nuestros hijos sean un trozo de pastel, sino que vivan en un rincón del mundo habitable, con garantías, con libertades y pudiendo llevar ellos mismo el timón del futuro, con aprovechamiento sostenible de los recursos, con cohesión social, con respeto, con humanismo, con sentido común, rindiéndole el mejor homenaje a nuestros antepasados, que es seguir labrando el futuro de una tierra y sus generaciones, y sabiendo, aunque solo sea a modo de pena, que estamos condenando a entendernos -los empresarios y los trabajadores, los agricultores y los ganaderos, los estudiantes y los profesores, los de occidente y los de oriente, los del 5• con los del 1•…- y desearía mucho que cuando hagan una incursión por los Polos sea porque estén en el Ártico o en la Antártida, ya que como sostuvo Rosseau “El más fuerte no es lo suficientemente fuerte para ser siempre el amo, si no transforma la fuerza en Derecho y la obediencia en deber”.

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