RedacciónFriday, 18 de September de 2026
Diez años de Isla Bonita Love Festival: artistas, polémicas y los secretos de camerino
Una década después, Jordi Pérez Camacho, consejero insular de Promoción Económica cuando comenzó el proyecto, y Maikel Chacón, director artístico y productor del evento, reconstruyen una historia que ha afrontado éxitos, polémicas, cambios políticos, dificultades de producción y situaciones que jamás llegaron a conocerse desde fuera.
Primero fue el mensaje, después llegó el gran concierto
El Love, explica Pérez Camacho, nació en dos tiempos. En 2016 el planteamiento inicial era unir promoción económica con mensajes de “tolerancia, respeto e igualdad”, aprovechando la capacidad de convocatoria de las actividades para introducir la diversidad en la conversación pública de la isla.
El gran salto musical llegaría un año después. Maikel Chacón recuerda todavía la reunión en el Cabildo en la que Jordi fue muy concreto: sobre la mesa había inicialmente unos 90.000 euros para desarrollar el evento. La propuesta terminó creciendo mucho más. Miguel Bosé, primer artista del evento, fue luego sucedido por otros grandes nombres y el Puerto de Tazacorte se convirtió en el escenario sobre el que empezaría a construirse la dimensión musical que hoy acompaña al festival.
Después vendría Maná, uno de los momentos que Chacón conserva como un verdadero punto de inflexión. No únicamente por conseguir que una banda de esa dimensión actuara en La Palma, sino por verla sentada ante los medios hablando abiertamente de diversidad sexual y de la realidad del colectivo LGTBIQ+ en México. Para el productor, aquello demostraba que los artistas comenzaban a entender que detrás del concierto existía algo más. “Eso es un logro, pero un logro grande”, recuerda.
La otra cara: «Ahí viene el maricón del consejero»
Aquellos primeros años tampoco fueron sencillos. Jordi Pérez Camacho relata que la contestación al proyecto no se limitó al debate político, sino que llegó a recibir comentarios como “Ahí viene el maricón del consejero”.
Sitúa episodios de este tipo durante su etapa política entre 2015 y 2019 y reconoce que aquellos años estuvieron marcados por una presión que, en ocasiones, trascendía la crítica a su gestión.
Uno de los argumentos que acompañó al Love desde sus primeros años fue su coste. Pérez Camacho sostiene que, después de abandonar el grupo de gobierno en 2019, las cuentas de su gestión fueron sometidas a tres auditorías. “El Isla Bonita Love Festival es el festival más auditado de Canarias”, afirma.
Todo ello a pesar de que esos análisis reflejaban además que la repercusión económica del evento multiplicaba, como mínimo, por tres cada euro de inversión pública, según reflejaban las propias auditorías realizadas tras su salida del gobierno insular.
José Luis Perestelo fue «la persona más injusta y más justa»
En esta década el Love ha pasado por diversos cambios políticos, muchas veces acompañado por dudas que periódicamente han rodeado la continuidad o la forma de ejecutar el festival.
Aun así, es dentro de aquella primera etapa donde Jordi Perez apunta a un nombre concreto. José Luis Perestelo. Lo define, de forma contradictoria, como “la persona más injusta y al mismo tiempo más justa” que encontró durante aquel camino.
Pérez Camacho recuerda que convencerlo no fue fácil. “Costó lágrimas y sudores que José Luis me entendiera”, asegura. Sin embargo, explica que cuando comprendió el proyecto “se puso el primero delante” y terminó convirtiéndose en una de las personas más reivindicativas desde el punto de vista político para garantizar que saliera adelante. “Yo solo tengo palabras de agradecimiento para él”, concluye.
«Los reto a que se carguen el Love»
Maikel Chacón es especialmente contundente cuando aborda la discusión del dinero público. Su posición es que, si un futuro gobierno considera que La Palma no debe invertir dinero público en un evento de estas características, debe asumir políticamente esa decisión. “No quieren el Love Festival porque cuesta dinero… Cárguenselo”, llega a plantear.
Para Chacón, lo que “no tiene sentido” es que un proyecto quede permanentemente sometido al mismo debate económico desde la oposición cada vez que cambia el gobierno, a pesar de las auditorías y de su valor como atractivo turístico. También cuestiona que la ejecución del presupuesto cultural se enfrente continuamente a necesidades existentes en otros ámbitos.
El productor pone como ejemplo la vivienda y considera injusto responsabilizar al área de Cultura o Promoción Económica por ejecutar los fondos que tiene asignados mientras otras partidas públicas, sostiene, no alcanzan los mismos niveles de ejecución.
Su planteamiento es que cada área debe responder por la gestión de sus propios recursos y que gastar el presupuesto destinado a los eventos no impide ejecutar las partidas de vivienda, carreteras u otros servicios.
Los cambios de legislatura
El público ve el escenario terminado. Lo que ocurre antes es otra historia. Por eso, entre las anécdotas de la entrevista, Jordi Pérez recuerda una edición especialmente complicada en la que el calendario avanzaba y el Love seguía sin tener cerrado uno de sus principales artistas. Estaban en Fitur, en Madrid, y se acercaba marzo. Chacón terminó saliendo dentro de la propia feria turística en busca del representante de un conocido grupo para intentar desbloquear allí mismo una contratación.
Hoy el crecimiento del festival obliga a trabajar cada vez con mayor anticipación y el productor explica que determinados artistas deben contratarse con cerca de un año de antelación. Eso provoca un choque entre los tiempos de la industria musical y los procedimientos electorales y de una administración pública.
Si se pretende contar con determinados nombres para el verano siguiente, sostiene, las negociaciones tienen que desarrollarse cuando ni siquiera está aprobado el presupuesto del ejercicio en el que se celebrará el evento. Y ahí aparece otra incertidumbre: los cambios de legislatura. “¿Qué va a pasar con el cambio de legislatura? ¿Quién va a entrar? ¿Qué va a hacer? ¿Qué va a opinar del Love?”, se pregunta Chacón.
El productor puede encontrarse comprometiendo a un artista con meses de anticipación sin saber cuál será la posición de quienes gobiernen cuando llegue el momento de ejecutar el festival.
«La parafernalia sí, pero hay que estar»
En algo coinciden ambos después de diez años: la música tiene una capacidad de convocatoria difícil de igualar, y eso provoca una paradoja.
El concierto nació como una herramienta para amplificar el mensaje social, pero su dimensión terminó siendo muy superior a la de cualquier debate, conferencia o encuentro organizado dentro de la propia Agenda Social.
Chacón lanza entonces una pregunta a la clase política palmera: “¿Cuántos alcaldes, concejales y consejeros se sientan realmente a escuchar esos debates?”. Recuerda, por ejemplo, las intervenciones celebradas este año y pregunta cuántos representantes públicos estuvieron allí escuchando mensajes relacionados con la igualdad o la diversidad. “La parafernalia sí, pero hay que estar y creer en las cosas”, sentencia.
Jordi interviene inmediatamente con otra pregunta: “¿Quién falta en el concierto?”. Y ambos introducen otra de las contradicciones que aseguran haber observado durante estos años, que son las invitaciones.
Preguntado por si quienes han criticado el festival reniegan también de las entradas, Chacón responde de forma tajante: “Aquí piden como si no hubiera un mañana”.
El productor reproduce incluso el tipo de peticiones que asegura recibir: “A mí dame mi entrada, dame mi pase y dame de las buenas», cuestionando que en esos momentos importe demasiado el trasfondo social o las críticas realizadas previamente al evento.
Así, mientras los encuentros de la Agenda Social tienen dificultades para reunir a representantes institucionales, el concierto concentra público, cámaras, presencia política y, según Chacón, también numerosas solicitudes de invitaciones.
Para Pérez Camacho, esa diferencia evidencia una de las asignaturas pendientes del proyecto. Defiende que la Agenda Social debería dejar de concentrarse exclusivamente en una semana para adquirir continuidad durante todo el año a través de las políticas públicas de igualdad y servicios sociales.
Aun así, considera que estos diez años ya han dejado transformaciones importantes. Entre ellas destaca el nacimiento de una asociación LGTBIQ+ en La Palma y la consolidación de la celebración pública del Orgullo, dos procesos que vincula al camino abierto por el festival y su vertiente social.
Bob Pop buscando fiesta y los secretos del camerino
Diez años de Love también dejan una colección de historias que difícilmente podían conocerse desde el otro lado del escenario. Una de las más curiosas la protagonizó Bob Pop, quien se encontraba en La Palma para formar parte de la Semana Social.
Jordi recuerda recibir una noche una llamada de la Policía Local. Le comunicaban que el escritor y colaborador televisivo estaba recorriendo Los Llanos buscando algún bar abierto donde continuar la noche. Pérez Camacho no entendía demasiado bien cuál era el problema. “Deja al hombre que sea feliz”, contestó.
Maikel Chacón acumula todavía más historias de producción. Una de las peticiones que más le sorprendió llegó con el batería de Maná. Su camerino debía estar completamente forrado de negro y decorado con distintos elementos que llamaron la atención del propio productor cuando entró. “Era un camerino súper raro. No lo he visto nunca a ese nivel”, recuerda.
Pero probablemente ninguna petición haya quedado tan grabada como la de Alejandro Sanz y la sal Maldon. La producción tenía instrucciones precisas de colocar esa sal concreta en el camerino.
Tras meses en búsqueda, no conseguían encontrarla, y el equipo llegó incluso a plantear una solución muy palmera: sustituirla por las sales de Fuencaliente, defendiendo la calidad del producto local.
Ninguna de las soluciones sirvió, pero la situación terminó cuando la mánager abrió su propia maleta. Dentro llevaba numerosos botes de sal Maldon. Sacó uno y lo colocó en el camerino y le dijo a Chacón: “Mi trabajo es exigirla a producción, pero siempre traigo en la maleta”.
Diez años después, «camina solo»
Jordi Pérez Camacho habla del Love como quien observa con distancia algo que durante años sintió como propio. Ahora ya no. “Ver que camina solo y que es parte de muchas personas, a mí me hace sentir bien”, reconoce.
Desprenderse de esa paternidad, explica, le ha permitido asumir que el festival puede evolucionar, cambiar y encontrar otras formas de hacer las cosas sin depender de quienes estuvieron detrás de sus primeros pasos.
Pérez Camacho asegura que ahora puede mirar atrás y comprobar que el proyecto tiene suficiente entidad como para sobrevivir a sus propios creadores. “El festival tiene entidad propia y no necesita de nadie”, afirma. “Lo que necesita es que haya personas en cada momento decididas para que el festival se siga desarrollando”.
Maikel Chacón mira también hacia la siguiente década y cita como uno de los retos en conseguir que La Palma termine de asumir el Love como un proyecto propio, con independencia de quién gobierne o de quién se encargue de organizarlo.
Entre aquella apuesta que comenzó hace diez años y el festival actual han quedado artistas internacionales, auditorías, cambios políticos, crisis de última hora, debates sociales y una larga lista de historias que nunca llegaron al público.
Pero ahora ya no necesitan reivindicar de quién es el proyecto. El Love camina solo.


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